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jueves, 5 de junio de 2014

Pequeños barcos

Alex Varenne

Empecé a decirle todo lo que iba a decirle diciéndole que lo amaba. Le dije que siempre lo había amado y siempre lo amaría. Eran cosas que había que decir antes de decir las otras. Y empecé a hablar. Poco importaba que él estuviera en otro lugar y no pudiera oír nada de lo que le estaba diciendo. Además, a media frase, se me ocurrió que Cliff sabía ya todo lo que le estaba diciendo, e incluso quizá mejor que yo, y que lo sabía desde hacía mucho tiempo. Cuando pensé en esto, dejé de hablar durante un par de minutos, y lo miré con un interés nuevo. Sin embargo, quería terminar lo que había empezado. Y seguí diciéndole, sin rencor o encono de ningún tipo, todo lo que tenía en la cabeza. Acabé diciéndoselo todo, lo peor y lo terminal, que sentía que no íbamos a ninguna parte, y que ya era hora de admitirlo, por mucho que quizá no hubiera ninguna manera de remediarlo.
Raymond Carver
“¿Quieres ver una cosa?” en Principiantes.


              05.06.14
las gotas de lluvia
empiezan a caer
dentro del cenicero

ramona imagina los cigarrillos
como pequeños barcos que naufragan
para después hundirse

pronto un espeso líquido negro
escurre a lo largo de la mesa


ramona no tiene dónde resguardarse


no esta noche.

martes, 26 de noviembre de 2013

Posible escenario para una muerte dramática

El Pasillo | Alejandro Boim

Ella empieza a consumirse poco a poco.

Como
                               un
                                                                     cigarrillo

Camina entre vestigios de noches-anteriores y de otras-vidas-que-no-son-la-suya.
Aún siente el hedor a sangre que emana de la habitación.
Se acerca al cuerpo inerte, y revisa sus bolsillos.
Una vieja billetera color beige con un poco de dinero. Lo suficiente como para salir de la ciudad e inventarse una vida más.
Da un par de pasos y cae al suelo, producto de esa sutil combinación entre drogas y alcohol.
Ahora tiene las rodillas manchadas de sangre. Corre al baño y se lava.
La sangre ya no está, pero el olor a muerte permanece.
Se observa en el espejo, pero en la penumbra todos los cuerpos (vivos o no) lucen igual.
A lo lejos ya se escuchan las sirenas de las patrullas.
Es entonces cuando luces azules y rojas iluminan el lugar.
Pronto todo habrá acabado para ella.
No quedarán más vidas después de ésta.
Intenta huir, pero a estas alturas del partido, la puerta ya no es más una salida.
Opta por encender un cigarrillo, que se consume poco a poco.

Como
                                        ella.